Hoy escuché durante todo el día música de Bob Dylan. Desde que escuché en la mañana que había sido el ganador del Premio Nobel de literatura, decidí que hoy sería el día Dylan en la playlist de Spotify. Y es bastante curioso, porque un premio de esta índole debería haberme motivado a ir a comprar un libro, o a indagar sobre algún autor, y sin embargo me motiva a escuchar música.  Y también abre el debate sobre si a un músico debería otorgársele un premio en la categoría literatura. Sin dudas que las letras de Dylan son poesía pura, pero el tema de hoy va un poco más allá del mítico músico.

Confieso que estaba pendiente de este premio, porque otra vez uno de los favoritos era Murakami, del que he leído varios libros en el último tiempo, y siempre es grato que reconozcan a alguien que uno ya conoce. Pero otra vez no fue para el japonés, fue para un músico “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición musical de Estados Unidos”. Me resultó un poco raro al principio, pero a medida que fui escuchando comentarios, me fue cerrando con algo que vengo pensando desde hace un tiempo, sobre cuál es el fin último de la literatura.

No soy experta en el tema, soy solo una aficionada a la lectura y cada tanto me gusta escribir críticas sobre lo que me gustó mucho, o lo que no me gustó nada. Creo que lo que tiene de rico la literatura es justamente eso, el poder reflexionar sobre un tema, poder interpretar lo que quiso expresar un autor, entender su forma de decir las cosas, de ver el mundo. En definitiva, que esa interpretación te deje algo más, algo que se convierte en tuyo. Y para eso no se precisa un tratado de ochocientas páginas, a veces te conmueve la estrofa de una canción, o te sorprende lo que alguien expresó en un muro por la calle.

Hace tiempo que pienso que en las clases de literatura que se dan en liceo, se deberían matizar los programas con cosas más actuales, más cercanas. Que deberían alternar el análisis del Quijote, con el de la letra de algún tema del rock nacional. Que deberían enseñar más a interpretar y a reflexionar, que a recitar de memoria un poema de Neruda. Ojalá se pudiera sembrar entre los más jóvenes la idea de que la literatura no es algo pesado y antiguo, sino algo mucho más cotidiano. Solo hay que aprender a mirarlo.

El premio que le otorgaron hoy a Dylan no hace más que afirmar esto, que la poesía está en la música, en canciones emblemáticas que son parte de la cultura de todos. Me alegro que la Academia Sueca lo vea así. A pesar de ser amante de los libros, me gusta que promuevan la idea de que la literatura no está solamente allí.

Hoy leí una nota sobre este tema, que preguntaba si iríamos camino a darle el Premio Nobel de literatura a un tweet. No lo sé, tendría que ser un twittero a la altura de Bob Dylan en sus composiciones, pero si alguien logra expresar ideas que nos hagan reflexionar, en 140 caracteres, bienvenido sea. Ojalá podamos seguir viendo y reconociendo literatura en otros medios. Como diría el propio Dylan hace más de cincuenta años, the times they are a-changin’.

2 comentarios en “Y el Nobel fue para Dylan.

  1. Elegir entre todos uno para premiarlo no parece una tarea fácil. Un universo de autores, de géneros, de estilos… Siempre será discutible a quién le dan el Nobel y también a quién no se lo dan. Me acuerdo ahora del emblemático caso de Borges, pero debe de haber muchos.
    De todos modos, no creo que sea discutible que Dylan es un gran poeta ni tampoco que las canciones pueden ser Literatura. El arte de la palabra no se manifiesta de una manera única.

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