Es el nombre que Frida Kahlo le dio al último cuadro que pintó en su vida, y que está expuesto en la casa donde nació, creció y vivió sus últimos días. Nunca fui muy fanática de Frida, un personaje que no me terminaba de cerrar del todo. Revolucionaria, feminista, comunista, osada. Esos eran mis preconceptos. Una artista dueña de un rostro bastante particular, que ella misma se encargó de inmortalizar en sus autorretratos, y que a nadie le es ajeno. Hace un par de semanas fui a visitar la famosa Casa Azul, en el pintoresco barrio de Coyoacán en la capital mexicana, y esto cambio mi perspectiva sobre esta mítica mujer, que se supo ganar un lugar en la historia. 

Es la tercera vez que me toca ir a Ciudad de México por trabajo, y como la tercera es la vencida, esta vez pude visitar el museo de Frida Kahlo. Las otras veces me había quedado con las ganas, y la verdad es que no sé bien porqué. Quizás porque es una visita obligada en D.F., o quizás porque hay un capítulo muy lindo en uno de los libros de Patti Smith, en que ella visita y describe esta casa, e insólitamente termina descansando en la cama del propio Diego Rivera. Recuerdo que al leerlo pensé que no podía volver a salir de México sin conocer ese lugar. Así es que atravesé la ciudad sola, en una tarde de mucho calor, y mientras el taxista me anticipaba algunas de las fantásticas cosas que iba a ver, caí en la cuenta de que mis únicos conocimientos de Frida Kahlo databan de una película con Salma Hayek, que vi hace como quince años, y de la que me acordaba bastante poco. Recordaba el personaje excéntrico, algún detalle medio morboso, pero de sus pinturas, poco, muy poco. Bastante ignorante de mi parte, considerando que la mujer en cuestión era, justamente, pintora. Pero la visita a la Casa Azul (un azul eléctrico, lleno de vida) recorre su vida, y a través de su vida, su obra de arte; o quizás sea al revés, no sabría decirlo. Afortunadamente salí de esa casa bastante más culta de lo que entré, y sobre todo con una curiosidad enorme por saber todo lo que allí no pude ver.

Cuando uno piensa en Frida Kahlo, lo primero que le viene a la mente es su rostro, sus cejas unidas en el centro, y el pelo recogido en trenzas hacia arriba. Esas facciones emblemáticas se convirtieron en un símbolo, en algo que trascendió a su propia obra de arte. Es la imagen de Frida que vemos a menudo en forma de caricatura, a veces en trazos negros y a veces en colores vivos. La que encontramos estampada en prendas de ropa, en elementos decorativos, o en la pared de algún bar de moda. Me pregunto si todos los que compran un almohadón con la imagen de Frida para el living de su casa, estarían dispuestos a colgar un cuadro de Frida, la pintora, en el mismo ambiente. Porque la obra de Kahlo es dramática, es dolorosa, es intrincada y es complicada. Un fiel reflejo de su vida, que deja plasmada de forma bastante gráfica. Cada uno de sus cuadros cuenta una historia, a la que resulta difícil mostrarse indiferente. Es probable que una réplica de “Las dos Fridas” o “La columna rota” no sean tan cool como el almohadón en cuestión.

¿Qué es lo que representa la imagen de Frida Kahlo? ¿Qué fue lo que la hizo trascender a ella, como mujer, por encima de su trabajo artístico? Supongo que fue el personaje que ella misma creo, desde su particular forma de vestir, y sus características cejas, a su sentido del humor y su irreverencia. Una mujer fiel a sus ideas, y fiel a sí misma. Una sobreviviente al dolor y al sufrimiento, una luchadora. Por lo que ese rostro significaría algo así como valor, rebeldía, lucha. No tengo claro si es lo que efectivamente significa para los que lo consumen.

Es curioso porque Frida ansiaba tanto ser reconocida por su trabajo, que fue capaz de ir en cama (literalmente) a la inauguración de su primera exposición en México, cuando ya estaba muy enferma. Quiso trascender como pintora, y pasó a la historia como una de las mujeres más relevantes del siglo pasado. ¿Le gustaría ver su rostro caricaturizado en un almohadón? Quizás si, aunque sea por la vanidad de haberle ganado una batalla a la muerte.

En la Casa Azul no está ninguno de sus cuadros más conocidos, esos están desperdigados por el mundo, en museos y colecciones privadas. La visita se trata más de Frida, el personaje. Pero sí hay un cuadro muy particular, el último que pintó, en esa mismísima casa, en el piso de arriba, donde todo está dispuesto como para que ella siguiera pintando. Según dicen, el cuadro no tiene el mismo trazo que otros, por los efectos del dolor y la morfina, pero si impactan los tonos vivos. Es un una naturaleza muerta, pero muy viva, en los colores de la bandera mexicana. Que increíble que una mujer que se pasó la vida intentando transmitir su sufrimiento en un lienzo, la termine escribiendo ¡Viva la vida! en el último trazo de su último cuadro.

Ese, yo lo pondría en el living de mi casa.

2 comentarios en “¡Viva la vida!

  1. Muy bueno, Sofi !! Me encanta tu columna !!
    Siempre sentí admiración por esta mujer que luchó por superar los obstáculos de su vida y pudo titular una obra “Viva la Vida”.

    Me gusta

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