Se juega, se juega, estamos en pleno mundial. Tanta espera e ilusión de los más chicos, tanta ansiedad de los más grandes, Rusia 2018 es un hecho. Con la magnífica cobertura periodística que viene desde el país de los zares, es imposible que uno se pierda algún detalle. Es un evento global que mueve multitudes, y esta humilde columna no podía estar ajena a lo que es EL tema de conversación del momento. No sería tan atrevida como para dar opiniones futbolísticas, así que lo que sigue son mis impresiones de lo que se vive en estos días de fiebre mundialista.

Voy a empezar por el tema de la cobertura periodística. Estoy azorada, la cantidad de periodistas uruguayos en Rusia se asemeja a la cantidad de turistas uruguayos en Florianópolis en Semana Santa. ¡Viajaron todos! Sea por los canales abiertos, por Direct TV, por la radio o por algún medio escrito, acá no quedó nadie. De los países clasificados, seguramente tengamos el mayor índice de “periodista deportivo en el mundial” por habitante. En los noticieros está el suplente, del suplente, que es el que hace el nexo con Rusia. Y no importa el programa o el horario, siempre están en vivo desde la ciudad donde esté la Celeste. Así sean las cuatro de la mañana en Moscú y al pobre Buysán se le noten las ojeras, ahí está como un Blandengue, dando la lucha por lograr la mejor cobertura mundialista.

Otro gran tema al que nadie está ajeno: LA PENCA. De un momento a otro te encontrás siguiendo partidos insólitos como Japón-Senegal, y gritando el gol del empate que te da el resultado exacto. Poco importa lo que sepas de futbol, acá lo que te diferencia es la exactitud en el resultado, que es básicamente lo mismo que embocar el 5 de Oro. Pero claro que ahí están con el pecho inflado los que van primeros, haciendo alarde de sus grandes conocimientos futbolísticos (y me río mientras escribo esto, porque yo estaría haciendo lo mismo si fuera de las que encabeza la lista). Los  que me conocen saben que tengo un espíritu un tanto competitivo, por lo que una instancia como esta puede llegar a sacar lo peor de mí. Y poco importa cuál sea el premio, da lo mismo si es un pozo millonario o un pequeño trofeo, acá se juega por el honor.

Más allá de lo entretenida que me resulta la penca, lo que más me deleita de este mundial es ver como lo disfruta mi hijo de seis años. Lo apodé “mini Kessman” porque sabe absolutamente todo, comenta y relata cualquier partido. Empezamos a vivir el mundial hace más de un mes, con el famoso álbum, en el que abuelos, tíos y primos colaboraron, ¡y que finalmente completamos! El cambiar figuritas en el colegio lo hizo un experto en el arte de la negociación, y para solidarizarme con la causa, terminé cambiando figuritas en reuniones de amigas y con compañeras de trabajo. Entre los conocimientos adquiridos con el álbum, y un padre un tanto obsesivo con el futbol, el niño me nombra jugadores como Kagawa (para los ignorantes como yo, es el número diez de la selección japonesa) como si me hablara de Messi.

Mi hijo pertenece a la generación de niños “malcriados por Uruguay”. Felicito al creativo publicitario al que se le ocurrió esta idea, porque es brillante. Una tarde llego de trabajar, entusiasmada por saber lo que le había parecido el triunfo ante Arabia Saudita, y resulta que el chico estaba ofuscado porque nuestra selección debería haber jugado mejor y ganado por más goles. Hoy, ningún niño menor a diez años entiende el significado de la frase “matemáticamente tenemos chance”, y lo celebro. Espero que tengamos muchos años por delante de selecciones como esta, que permiten a los niños soñar en grande.

Pocas cosas nos unen tanto a los uruguayos como el fútbol, y este momento de fiebre celeste hay que disfrutarlo. Me parece que saca lo mejor de nosotros como sociedad, y aflora en todos un sentimiento patriótico que pocas veces demostramos. Me ha tocado ver los partidos en la oficina, y me asombra la solemnidad con la que entonamos juntos el himno nacional. Estoy segura que a más de uno se le eriza la piel con el último “sabremos cumplir”, que es como un grito de guerra, y que resume perfectamente lo que esperamos de Uruguay.

La palabra que elijo para cerrar esta columna es orgullo. Un orgullo inmenso por una selección que hace creer, a grandes y chicos, que con esfuerzo todo es posible. Ojalá el cielo siga de un solo color. ¡Uruguay nomá!

3 comentarios en “Cielo de un solo color.

  1. Muy buena y oportuna columna, Sofi !!!
    Evidentemente la calculadora la usan otros equipos ahora !!! Jeje
    Esperemos la selección siga adelante, hace bien !!
    Genio, Nachito !!

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