La llegada de un bebé siempre es motivo de alegría, de un entusiasmo que transmiten los papás desde la primera ecografía, y que se contagia a los amigos y familiares, que quieren salir corriendo a conocer a esa personita de pocas horas de vida, que descansa en su camita del sanatorio envuelta en un aura de paz y armonía, como un milagro caído del cielo.

O esa es la imagen idílica que todos tenemos. ¿Qué pasa cuando uno llega al sanatorio y el pequeño retoño resulta ser la viva imagen de Benjamin Button? Uno se queda atónito al ver esa cara de viejito arrugado, encerrado en un cuerpo de bebé, y se desespera por encontrar una frase adecuada.

Lo que sigue son algunos consejos de qué decirle a la flamante mamá, que mira a esa cosita como si fuera lo más hermoso que alguna vez rozó la faz de la tierra.

Lo primero, y que nunca falla, es apelar a la ternura. Aunque no sea lindo, un bebé siempre (o casi siempre) inspira ternura, así que la frase “Ay que tierno”, o “Qué ternurita” suele ser una buena solución para iniciar la conversación sobre el recién nacido. Pero la conversación ahí recién empieza, y hay que mantenerla durante los quince o veinte minutos que dura la visita.

El paso siguiente sería apelar a la actividad del bebé. Claramente un recién nacido prácticamente no tiene actividad, pero, si mueve la manito o abre los ojos uno puede decir “Qué vivaracho” o “Qué lindas manitos que tiene”. De lo contrario, si el bebé no se despierta por nada del mundo, la expresión “Es buenísimo” o “Un santito” aplican perfectamente para salvar la situación.

Algo que a todos nos encanta es tratar de encontrarle el parecido a esa criatura que acaba de salir de la panza de la mamá, y que en general solo se parece a un recién nacido. Pero ante la falta de expresiones, un “Es igualito a ti” o “Tiene los ojos de tu marido” pueden ser otro buen tema para debatir frente a la cuna del pequeño.

Otra alternativa puede ser comentar sobre lo que tiene puesto el pequeño retoño. Los conjuntos de recién nacido son cada vez más originales, así que las expresiones pueden variar, desde “Qué amorosa la batita”, o “Qué divino pijamita”, hasta “Qué lindo reboso, es tejido a mano?”

Y bueno, si tenemos suerte y el pequeño bosteza mientras estamos de visita nos podemos sumar al “Ahhhhh” de los papás, porque por más feito que sea, el bostezo de un bebé siempre te embarga de ternura. Pero si en lugar de bostezar, se la pasa llorando, y cada llantito acrecienta sus facciones no agraciadas, ahí ya lo único que podemos decir es “¿No tendrá cólicos?”.

Pero la verdad es que no hay que preocuparse tanto por qué decir o no decir. La felicidad de una mamá viendo a su pequeño bebé es tal, que no le va importar si es, o no es, un bebé Johnson. Así que más vale quedarse callado y compartir ese momento de dicha y admiración infinita, que solo experimentan los papás cuando ven a sus hijos por primera vez.

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